A primera vista, lo que destaca de Jorge Campillo (36) es su seriedad. Si se observa durante los dieciocho hoyos de una ronda de golf es difícil atisbarle algún gesto de satisfacción. Sin embargo, pesa esa concentración, en el trato cercano el cacereño es de lo más divertido. «Bueno, ayer me estaba jugando el torneo y no quería distraerme en absoluto, por eso intenté mantenerme centrado en el juego lo más que pude», comenta al final del Abierto Mágico de Kenia que ganó de un modo brillante con dos golpes de ventaja sobrio el nipón Kawamura (-16). Entonces sí que relajó y exhibió una sonrisa con la que selló los tres años de sequía pese a su buen juego.
Al golfista de Norba le gusta hacer las cosas a su manera. Sabe que tiene calidad de sobra para manejarse en el circuito europeo (desde 2012 no ha perdido nunca la tarjeta) y espera a que las victorias caigan por su propio peso. Por eso, después de que la primera le costase nueve años (Marruecos, 2019), no le puso nervioso que la que antes ayer en Nairobi hiciera se esperar tres después de la lograda en Qatar (2020). “El año pasado hice una buena campaña y me encontré bien. Es difícil jugar al golf, un poco tarde o temprano tenía que llegar la siguiente”, comentó a ABC desde Kenia. Este curso venía de ser cuarto en su último torneo en la India y en cuanto tuvo opción, remató. “Me coloqué líder el último día y me vino muy bien la experiencia de mis dos títulos anteriores”.
Detalles de Los Pequeños
Lo que tiene claro Campillo es que, por mucho que sea una estrella del deporte, sigue siendo el mismo chico sencillo de siempre. Estuvo los primeros diez años de su carrera con Borja Martín-Simo en su bolsa y, cuando esta relación se acabó porque su amigo tomó otras vías laborares, contrató a Jesús Legarrea como ‘carrito’. Ya había coincidido con el Navarro en los equipos nacionales y volvió a buscar a alguien de confianza a su lado.
Campillo está acostumbrado a estar siempre en los puestos de arriba, pero ni tiene premio por alcanzarlos ni desesperarse cuando los abandona. Ha jugado ya en seis grandes y con su triunfo de ayer puede acceder al Gira de la PGA por la nueva vía que proporciona el Circuito Europeo. Los diez mejores del ranking a final de año obtendrán la carta americana y de momento ya se ha colocado en octavo.
Conoce bien Estados Unidos (fue número dos del mundo amateur y se planteó en la Universidad de Indiana), pero se sigue sintiendo español hasta la médula. Por eso le motiva ganar donde ya lo hizo Seve in 1978 («es todo un honor compartir trofeo con él»), leva a un compatriota de asistente y le habla a su bola castellano. Por mantener sus pequeños detalles siempre vivos.


