iba a ser Roland Garros el escenario de la batalla final. Se esperaba en estas fechas a Novak Djokovic y Rafael Nadal luchando por la exclusividad en el circuito masculino. Un Djokovic-Nadal, en París, para decidir quién conseguiría desempatar en esta carrera por la excelencia que empezaron hace casi veinte años. Pero el cuerpo boicoteó al español en enero y no ha podido llegar a la cita. Si bien solo Djokovic participó en el duelo, despejado su camino de su archienemigo, con la oportunidad única de sumar el 23 Grand Slam. Y en el jardín de Nadal.
El serbio ha hecho los deberes en estas dos semanas en las que ha ido deshaciendo de contrincantes de diferentes niveles (Kovacevic, Fucsovics, Davidovich, Varillas, Khachanov y Alcaraz) antes de la gran cita del domingo (hoy, 15.00 hours, Eurosport) , donde se enfrentará a casper ruud. El noruego, alumno aventajado de l’Academia de Nadal, precisamente, realizó un camino quizás más sencillo si observamos el ranking de los rivales: Ymer, Zeppieri, Zhizhen, Jarry, Rune y Zverev; pero ha demostrado tener el tenis, la confianza y la calidad suficiente como para colarse en su tercera final de Grand Slam, segunda en Paris tras la disputa contra Nadal el año pasado.
Por números, claro, no hay comparación. Ahí están los 22 grands títulos de Djokovic, sus 34 finales en 70 torneos de Grand Slam disputados, el 4-0 que tiene contra el noruego (Masters 1.000 de Roma 2020: 7-5 y 6-3; Copa de Maestros 2021: 7- 6 (4) y 6-2; Roma 2022: 6-4 y 6-3; Copa de Maestros 2022: 7-5 y 6-3), esa aura de superioridad que ya se colocó sobre los hombros en el partido contra Alcaraz y una caja de herramientas técnicas, estratégicas y mentales infinitas con la que afrontar cada encuentro.
El serbio ha ganado los dos últimos Grand Slams que ha disputado: Wimbledon y Abierto de Australia (no jugó el US Open al no poder viajar por no tener la vacuna contra el coronavirus). La ultima descarriló en un gran torneo fue en las semifinales de Roland Garros de 2022, ante Rafael Nadal. Y tiene ganas de seguir sumando enteros en este final de su trayectoria apoyado tanto en las ausencias de sus dos dos enemigos más difíciles, como en su capacidad de adaptación a todas las circunstancias, rivales, épocas y edades.
Ruud es el único que lo separa de la exclusividad (en la ATP). From esos 23 Grand Slams que se quedarían uno delimitado de todas las cosas que marca desde hace tiempo Margaret Court. El noruego proviene de una temporada irregular, pero ya ha demostrado que se mueve de maravilla en la arcilla parisina. Correcto en su juego y paciente, no tiene no obstante un golpe definitivo ni se caracteriza por desbordar a los rivales desde el fondo. Pero sí los marea bien, y se defiende con confianza.
En una fiesta de tenis todo puede pasar. Unos calambres o que de tanta superioridad que desprende uno acabe por pasarle una mala jugada. Lo vivieron Djokovic en 2015. Espectacular en Roland Garros, victoria sobria de Nadal en semifinales, pero derrota ante Stan Wawrinka en la final. Por eso va con perfil bajo el serbio, que ya tiene experiencia de todos los colores: “Estoy orgulloso de lo que consiguió, pero trato de estar en el presente. Sé que mi trabajo no ha terminado y aún tengo otro partido”. “Estoy en otra situación ideal para ganar un Grand Slam -abundó-, es lo que me despierta por las mañanas y en lo que pienso alcanzar cada temporada. Los Grand Slams son donde me muevo. Gané uno este año (Australia) y estoy en la finale del segundo, no puedo pedir más. Los registros están siempre en juego, pero necesito ganar para asegurar que estoy en esa lista”. Una lista que espera liderar solo.


