Director de investigación del Centro Nacional de Investigaciones Científicas y docente de la École des Hautes Etudes en Sciences Sociales, el sociólogo trabaja desde hace diez años con la filósofa Sandra Laugier sobre la democracia a través de los movimientos políticos de protesta. En su último libro, emancipaciones. ¿Luchas minoritarias, luchas universales? (Textual, 160 páginas, 17,90 euros), se interesa por el alcance de las luchas de emancipación contemporáneas.
¿Cuál fue el detonante de este libro?
En primer lugar, está la irritación que provoca esta implacabilidad de círculos hostiles al “wokismo” por desarrollar un discurso negacionista en torno al tema de la discriminación que sufren las personas por razón de género, color de piel, religión u orientación sexual. Es bastante desconcertante oír hablar de desigualdades e injusticias bien documentadas como si fuera solo una opinión basada en un sesgo ideológico.
Pero eso no es todo: estos censores han puesto en marcha una policía del pensamiento para prohibir la difusión de información que pueda justificar el mérito de reivindicaciones de igualdad, medidas a favor de poblaciones racializadas o de la necesidad de curar las heridas de la guerra de Argelia. En el mundo universitario, las mismas personas han activado, con el apoyo de círculos cercanos al poder, una caza de brujas, un ambiente de denuncia y rastreo de temas docentes e investigadores que les desagradan. Al analizar con calma los hechos de discriminación que marcan a la sociedad francesa, este pequeño libro pretende ser un antídoto contra este odio común.
También explora la dificultad de la izquierda, inmersa en la cultura marxista, para hacer frente a estas luchas particulares…
Este es el otro trastorno en el origen de este libro. Una convicción está enraizada en el pensamiento de izquierda: la emancipación sólo puede ser la de toda la humanidad y depende de la destrucción del sistema capitalista por parte del proletariado. En efecto, hay dos formas de considerar la emancipación: desde la noción de alienación o desde la de discriminación. En el primer caso, la palanca es la lucha de clases; en el segundo, los que están en contra de la misoginia, el racismo, la islamofobia o la homofobia.
Este libro muestra que la oposición entre estas dos luchas es ficticia. Propone considerar la emancipación desde su vertiente práctica: como una lucha colectiva que pretende sacar a un grupo social discriminado de la situación minoritaria en la que arbitrariamente se encuentra. Esto permite mostrar que cada una de estas luchas particulares promueve elementos de universalidad: la igualdad de derechos y el respeto a la dignidad de las personas.
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