Filipinas se encuentra entre los países más vulnerables del planeta ante fenómenos naturales como tifones, precipitaciones extremas, movimientos sísmicos, erupciones volcánicas y el incremento del nivel del mar, y frente a este escenario la responsabilidad social empresarial (RSE) ha pasado de realizar ayudas aisladas a adoptar una estrategia que incorpora la preparación ante desastres, la mitigación de riesgos y el impulso de la resiliencia en comunidades y barrios locales.
Contexto de riesgo y marco institucional
El territorio filipino afronta cada año cerca de veinte ciclones tropicales en promedio, y entre seis y nueve de ellos suelen impactar directamente en tierra firme; episodios como el tifón Haiyan (denominado localmente Yolanda) en 2013 dejaron en evidencia la escala de sus efectos, con miles de víctimas, viviendas devastadas y severos daños económicos. La mayor vulnerabilidad se registra en comunidades costeras y asentamientos urbanos informales donde los recursos y la capacidad institucional resultan insuficientes.
A nivel normativo, la Ley de Reducción del Riesgo de Desastres y Gestión (RA 10121) dispone que desde los gobiernos locales hasta los barangays se articulen planes y mecanismos de respuesta, mientras que marcos internacionales como el Marco de Sendai fomentan la colaboración entre sectores público y privado y alientan a incorporar la RSE dentro de las estrategias de gestión del riesgo.
¿Por qué la RSE es clave en preparación y resiliencia?
La RSE aporta recursos financieros, capacidades técnicas, logística y redes que complementan los esfuerzos estatales. Las empresas, por su presencia territorial, infraestructura y tecnologías, pueden acelerar la respuesta temprana, mejorar la comunicación en emergencias y sostener la recuperación económica local. Además, la inversión privada orientada a la prevención resulta más costo-efectiva que la asistencia apenas posterior al desastre.
Estrategias empresariales efectivas
- Sistemas de alerta temprana y comunicaciones: inversión en redes de telecomunicaciones más robustas, incorporación de estaciones meteorológicas locales y difusión de avisos en idiomas y medios comunitarios para avisar con antelación suficiente a los barrios.
- Refugios y mejora de infraestructura social: construcción o refuerzo de escuelas y centros comunitarios para funcionar como refugios seguros, junto con la optimización de drenajes y obras de mitigación en cuencas urbanas.
- Infraestructura verde: reforestación de cuencas, restauración de manglares y creación de áreas verdes que amortigüen la fuerza del oleaje y disminuyan el riesgo de inundación.
- Capacitación comunitaria: entrenamiento de brigadas barriales, realización de simulacros, programas básicos de primeros auxilios y elaboración de planes de evacuación a escala local.
- Instrumentos financieros: microseguros vinculados al clima, fondos corporativos de contingencia y mecanismos que permitan transferencias rápidas de dinero a los hogares afectados para agilizar la recuperación.
- Alianzas público–privadas: colaboración con gobiernos locales para intercambiar datos, coordinar logística y articular planes de respuesta, así como para establecer acuerdos que faciliten el uso de almacenes y flotas en situaciones de emergencia.
- Recuperación con enfoque en medios de vida: respaldo a microempresas y a la agricultura local mediante capital semilla, reactivación de cadenas de valor y provisión de asistencia técnica.
Casos y ejemplos ilustrativos
- Respuesta tras Haiyan (Yolanda, 2013): la movilización privada fue masiva y complementaria a la ayuda gubernamental. Empresas financiaron rutas logísticas, centros de distribución de ayuda y construcción de viviendas temporales que luego evolucionaron hacia soluciones de vivienda más resiliente en varias localidades de Leyte y Samar.
- Programas de telecomunicaciones para alertas: compañías del sector han financiado estaciones de comunicación y plataformas para enviar alertas masivas y coordinar evacuaciones en municipios costeros, mejorando la capacidad de respuesta de barrios remotos.
- Proyectos de conservación costera: iniciativas empresariales que financian restauración de manglares han protegido comunidades pesqueras, reduciendo daños por oleaje y sosteniendo medios de vida locales.
- Apoyo a la educación y centros escolares: fundaciones corporativas han financiado la reconstrucción y adecuación de escuelas como centros de evacuación, asegurando que sean estructuras seguras y funcionales durante emergencias.
Información y resultados identificables
- Reducción de pérdidas en comunidades donde se implementaron medidas integradas: barrios con sistemas locales de alerta activa y refugios reforzados han mostrado menores tasas de mortalidad y menores tiempos de interrupción económica tras tifones comparados con zonas sin intervención.
- Mejora en tiempos de respuesta: alianzas logísticas público–privadas han acortado el tiempo de entrega de ayuda humanitaria en horas o días críticos.
- Retorno social y económico: inversiones en prevención (infraestructura verde, refugios, capacitación) demuestran una relación costo-beneficio favorable al reducir daños recurrentes y mantener la actividad productiva local.
Retos que aún perduran
- Coordinación: resulta esencial reforzar la articulación entre empresas, gobiernos locales y organizaciones comunitarias, evitando esfuerzos repetidos y atendiendo carencias presentes en zonas alejadas.
- Sostenibilidad financiera: es necesario asegurar que los proyectos no se limiten a recursos provisionales, promoviendo esquemas de gestión comunitaria y fuentes de financiamiento que se mantengan en el tiempo.
- Inclusión: se debe situar en el centro a los barrios con mayores carencias, así como a mujeres, personas de edad avanzada y hogares informales al momento de planificar las intervenciones.
- Medición de impacto: conviene unificar criterios e indicadores que permitan valorar la eficacia de la RSE en materia de resiliencia y facilitar el intercambio de aprendizajes entre empresas y autoridades municipales.
Sugerencias útiles para fortalecer la RSE
- Integrar planificación corporativa con los planes locales de gestión del riesgo (RA 10121) para alinear recursos y responsabilidades.
- Priorizar inversiones en prevención: alerta temprana, refugios, drenaje y manglares antes que solo respuesta post-desastre.
- Fomentar instrumentos financieros innovadores: seguros indexados, fondos de respuesta rápida y microcréditos para la recuperación de pequeñas empresas.
- Desarrollar capacidades locales: formación continua de brigadas barriales, simulacros regulares y transferencia tecnológica.
- Implementar sistemas de monitoreo y evaluación con indicadores claros de resiliencia y continuidad de medios de vida.
Preservar a las comunidades como prioridad
La experiencia en Filipinas muestra que la RSE puede transformar la capacidad de los barrios para enfrentar desastres cuando se orienta a prevención, alianzas y empoderamiento comunitario. La apuesta por soluciones integradas —combinando infraestructura física, ecosistemas restaurados, comunicación efectiva y apoyo económico— no solo salva vidas, sino que preserva la dignidad y la funcionalidad de comunidades enteras. En entornos donde el riesgo es constante, la sostenibilidad de las intervenciones dependerá de la continuidad del compromiso empresarial, la inclusión de los barrios en la toma de decisiones y la medición rigurosa de resultados para replicar lo que funciona.
