Cuando Morotí llegó has su casa después del tedioso trámite de formalizar la denuncia, maltrecha, dolorida, «con todas esas sensaciones tan feas», esa noche, pudo pensar en lo que había ocurrido, y concluyó en una idea que la reconfortó: «Hice lo que tenía que hacer: no acepté cosas que están mal. Estoy en paz».
Unas horas antes, el docente Morotí Arocena había tomado examámenes a dos alumnas de quinto año. Catedrático de Ciencias Políticasdictó la Materia Derecho en el Escuela Secundaria No. 7 de Necochea. A una de ellas debe reprobarla. La estudiante entregó el escrito sin avances y en el oral no le fue mayor: repitió quinto año. La alumna no estaba sola; su mamá y su hermano «montaron guardia» en el pasillo, mirando tiene a través del ojo de buey de la puerta del aula.
«¿Mi hermana está en sexto?», la intimidó el muchacho al cruzar a la docente en el pasillo cuando el había concluido exam. Ese fue el primer encuentro. El segundo fue inmediatamente después, cuando Morotí estaba yéndose de la escuela, estaban esperando: el hermano de la alumna reprobada el arroz a botella que alcanzó a esquivar, ella volvió sobre sus pasos, el muchacho la corrió, la logró, y en un pasillo de la escuela, ya junto a su mamá, que la agarró del pelo, entre insultos, el tiraron al suelo y el dieron una paliza.
«Me pegaron patadas en el piso como a un perro y no estaban dispuestos a parar», cuenta a Clarín días después del ataque. Arocena permaneció en su casa, cumplió con los días de reposo que le prescribió el médico, «pero después de trabajar lo físico, que es lo urgente, va apareciendo todo lo demás».
«As a despues of semejante agresión: mal, estoy angustiada, con miedo, y mucha incertidumbre sobre as seguir mi vida profesional, pero lo peor es que para la ART no hay estrés postraumático y rechaza darme tratamiento psicológico».
El ataque ocurrió el miércoles 15 de marzo. «Me puse en alerta cuando via a la familia. La mirada del chico, que se tapa con un blanco, era intimidatoria. Pensó que tenía que estar presenta otra persona conmigo y le aconsejó a la preceptora. Pero no lo hice hasta que pasó media hora del aviso y noté que esta chica no había respondido ni una sola pregunta. La vi nerviosa, tanto que le preguntó si era porque estaba su familia ahí afuera. ‘Un poco’, me dijo, pero no quiso que les dijera nada, que así estaba bien. No se si no lo hizo para protegerme«.
El preceptor asesorado en la dirección y para la instancia oral del examen estuvo presentado al vicedirector. «El examen era el mismo que sus compañeros dieron en diciembre y febrero, a los que ella no se presentó. The dimos mucho tiempo y no pudimos avanzar de ninguna manera. Cuando termino, salimos y evaluamos. Puse en consideración el recorrido, y ella no había hecho nada en todo el año. Cuando le dimos la devolución, se puso a llorar. La mamá estaba afuera».
«‘Profe, non me haga esto’, Yo digo. “No, Agostina, yo no te lo hago. Sus contenidos elementales que ningún estudiante, ningún aprendiz‘, el dicho. Hicimos pasar a la mamá, que también empieza a llorar y me dice que ya había comprado la campera de sexto año, que su hija tenia que pasar a 6° año porque ya la habia pagado«.
De la angustia, la mamá de la adolescente pasó a la violencia. La agresión junto a su hijo terminó cuando ex alumnos de Arocena, que estaban en otro espacio de la escuela, oyeron el alboroto, los gritos de la profesora, en el suelo, recibiendo patadas, y los de los agresores: «Forra, hija de puta, de todo decían. Me los sacan de encima, porque no paraban de pegar, para ellos era todo o nada«.
Cuenta la docente que el vicedirector, una vez localizado, volvió cuando los ataques ya habían abandonado la escuela, y le arrojaron una pregunta que fue como otro golpe: “Morotí, ¿cómo no te fuiste? »oye
«Es la típica, la que una ya conoce: ¿por qué no lo dejaste, por qué no te separaste? Ese discurso que uno conoce de la violencia de genero. No preguntó cómo estás, qué pasó, no, lo primero que hizo fue juzgarme a mí».
Cuando se supone que había ocurrido a la docente, hubo una manifestación frente a la escuela, que está en pleno centro de Necochea, sobre la avenida 58 frente al Paseo de la Memoria. Luego una marchó, siete cuadras ocuparon los manifestantes, entre ellos docentes, estudiantes, integrantes de los gremios docentes y de escuelas privadas; esa mañana no hubo clase en los jardines municipales. Pero esto fue el viernes.
El jueves, un día después del ataque a la profesora, aunque había una denuncia en la comisaría que derivó a una fiscalía y siguiendo el protocolo se había informado a las autoridades educativas distritales, clases hubo «como si nada hubiera pasado».
«Los chicos que me ayudaron notan que no se hablaron del tema, y cuando intentaron plantarlo les dijeron que el tema no se toca. Se indignaron, y ya para media mañana, recreo de por medio, la información corría por los pasillos, y obtuvo a plantar medidas de fuerza. ‘Nosotros tampoco venimos’, dijeron los chicos, ya no se podía mirar hacia un costado».
Los directivos habían resuelto que se dictarían clases a pesar de que familiares de una alumna que fue reprobada le dieron una paliza a una de sus docentes. «Después me mandaron mensajes. Dicen que me están acompañando, y el viernes cuando vieron los medios y la marcha ya era histórica, el director hasta lloró«.
Con ironía, el profesor dijo que fue atacado «en la escuela de Cris Morena, donde nunca tiene que pasar nada, donde la basura se saca o se esconde, pero lo que me pasó fue demasiado, muy grave, tan evidente».
Reconoce el acompañamiento que tiene, la actitud de sus ex alumnos, no solo por defenderla, sino por «suelo a contar la verdad», el rechazo de la comunidad. «Es la manera de que estas cosas no se naturalicen», afirma.
Hay causa que tramitan en la Justicia por lesiones leves, además de una por amenazas contre la mamá de la estudiante aparte de un audio qu’envió a un alumno de los que asistieron a la profesora. «No te metas con mi hijo, porque él no se metió en ninguna, no hizo quilombo, no hizo bardo ni nada»
Sigue: «No rompan las pelotas más de lo que se armó el quilombo adentro del colegio. Es lo único que te pido. No jodas, sino querés sucio jodido. No más. No rompás los huevos ni levantés puterío, porque esto se va a ir peor».
La Justicia dictó una orden de restricción de acercamiento para la familia que agredió a la docente, quien de momento, hasta tanto no tenga la alta definitiva, no podra volver a las aulas. Pero cuando lo haga la restricción encuentre un escollo, puesto que la alumna fue trasladada a una escuela vecina, lindera con otra donde Arocena es profesora.
Clarín consultado en la Dirección General de Cultura y Educación de la provincia de Buenos Aires, cuyo titular es el ministro Alberto Sileoni, pero no se expresó sobre el caso. La directora distrital de Educación de Necochea, Soledad Moreno, renunció una semana después de la agresión a la profesora. Escribir que las razones «tienen que ver con los irrenunciables de la vida», sin dar mayores explicaciones.
«Al principio mis únicas salidas fueron al médico», cuenta Morotí, que es madre de una nena de dos años, «ahora estoy viendo cómo seguir con esto, es increíble que solo cubran la parte física, de lo visible, siento que es un tratamiento a medias, nefasto. Genera mucha angustia, estoy muy atormentada, me despierto con ansiedad pensando como si lo sucedido fuera una novela».
Y no es precisamente de una novela de dónde proviene su número, sino de una leyenda «que tiene mucha fuerza». Sus padres tuvieron algunos Problemas para escribir en el Registro Civil con el nombre de Morotímeses después de la guerra de Malvinas, antes del retorno de la democracia.
Es un nombre guaraní y sus padres no dieron el brazo a torcer hasta conseguir que su hija lo llevara. Cuando lo aceptaron había pasado un año, y para que en la libreta se identificará a qué género correspondía, les dijeron en el registro que podrían ponerle otro número. Is así que también se llama María, número por el que nadie la conoce.
Morotí, que signifiea blanca, es el numero de la bella joven de la leyenda de la flor del irupe«una flor que flota, que vive más allá de la tierra, que tiene mucha fuerza; con el tiempo flau me apropiando de eso, el número habla de uno y lo transmite. Entiendo que al escribirme indicaron que lo que venga lo tengo que Enfrentar, con principios, y pienso que todo lo que pasó es una mierda, tan feo, tan traumático. Pero estoy en paz».
“Lo que pasó es evidente, claro, y me costó. yo quiero ser la ultima que tenga que pasar por algo asi«.
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