IEl Ministro del Interior, Gérald Darmanin, asumió una gran responsabilidad al pronunciar la disolución del colectivo Les Uprisings of the Earth. Basado en una enmienda hecha por la ley de «separatismo» de 2021 que amplió las causales requeridas para «actos violentos contra las personas y los bienes»el Ministro ha entrado en un campo que en el pasado sólo se refería a grupos de combate y milicias privadas, llama al odio y la discriminación, o incluso al deseo de perpetrar actos de terrorismo.
El decreto de disolución, que será objeto de litigio, se cuida de no retomar la arriesgada fórmula de“ecoterrorismo” utilizado en el pasado por Gérald Darmanin para denunciar ciertos excesos. La detención de activistas de los Levantamientos de la Tierra, el pasado 20 de junio, por parte de funcionarios de la subdirección antiterrorista de la policía, por los importantes daños materiales cometidos durante una acción reivindicada por el colectivo contra la cementera Lafarge, sin embargo mantiene una terrible confusión.
Francia ha sufrido lo suficiente en su púlpito por el terrorismo durante la década ganada como para que todos se preocupen particularmente por el significado de las palabras y los símbolos.
El arma pesada utilizada por el Ministro del Interior es tanto más lamentable cuanto que impide un debate necesario sobre los medios empleados por Les Uprisings of the Earth para lograr sus objetivos de preservación del medio ambiente y defensa de la vida. Sus llamadas a «desarmar» no puede engañar a nadie.
La cuestión de la eficiencia
En una sociedad democrática, a un grupo no le parece autojustificar la destrucción en relación con la justicia y la urgencia de la causa que pretende defender. Es cierto que otras organizaciones, incluidas las agrícolas, llevan tras de sí una historia considerable de saqueo sin que el Estado haya definido nunca la determinación o la celebridad en el trabajo contra el colectivo en cuestión. Sin embargo, estas organizaciones nunca han reivindicado la violencia, ni siquiera escondida tras elementos del lenguaje, como principio de actuación.
levantamientos de la tierra jugar la ansiedad y la emoción alimentadas por el cambio climático en un intento de imponer su visión de cómo debe ser la organización económica y social del país, o qué deben cultivar los horticultores, como demuestra el saqueo de invernaderos en Nantes el 11 de junio. Apropiarse autoritariamente de la sociedad civil, frente a autoridades consideradas desprovistas de la más mínima legitimidad, plantea un problema.
Sobre todo porque también se elude otra cuestión fundamental con la injerencia inducida por el decreto de disolución: la de la eficiencia. Se trata de la capacidad, o no, de movilizar una masa crítica de la población para que pese con todo su peso en las costosas y dolorosas decisiones políticas que supondrá la adaptación y la lucha contra el cambio climático.
Si las controversias vinculadas a las Insurrecciones de la Tierra, por la intransigencia que pretenden, frustran esta obra de convicción imponiendo en su lugar un debate sobre el respeto del orden, de hecho se sacrificará el fin a los medios.


